Libro 1

Pedro Guerra canta “Te echo de menos”.
A las 3 de la tarde era el encuentro pactado.
En esa esquina, donde siempre se cruzaban miradas.
Saltó de la cama a las 8 de la mañana, no pudo dormir más. Aunque estaba de vacaciones y nada lo obligaba a salir temprano. Una sensación extraña recorría su cuerpo, ese placentero escalofrío que comienza como una caricia en la nuca. Abrió las cortinas y dejo entrar el sol pleno de esa mañana. Lentamente recogió la ropa tirada en el piso, se vistió rápido porque sintió frío. Abrió la puerta del dormitorio y noto una obscuridad rara, miro nuevamente hacia la ventana y sorprendido vio que todo se nublaba rápidamente. Se encogió de hombros y atribuyo la variante climática a la llegada del invierno. Preparo el desayuno, abrió las cortinas de la sala y vio como grandes nubes descargaban agua sobre la vereda. Esa lluvia que suponía fría, golpeaba fuerte sobre el vidrio que se empañaba con su respiración.
Tomo su desayuno, ojeo el reloj de pared, se entretuvo leyendo las noticias políticas en el periódico, que con cuidado dejo el canillita en el pestillo de la puerta. Apartó el suplemento deportivo y leyó el Gran titular de la jornada: ¡INESPERADA DERROTA!
A las 11 salió a la calle, abrió el paraguas, camino hasta el Quiosco, compro cigarrillos. De regreso comento el estado del tiempo con un vecino. Ya en la casa abrió la puerta y automáticamente puso su atención por enésima vez en el viejo reloj.
La aguja grande movía lentamente su pesada carga hacia arriba, estaba llegando hasta el gastado número 10, mientras tanto la aguja chica más lenta aún se deslizaba cansina en la bajada hacia el 2.
-Estoy listo amor- le dijo a esos ojos que lo miran desde el espejo.
La lluvia es más intensa, la tarde más oscura que nunca, son las dos y media decía el desteñido reloj. Nervioso sale nuevamente a la calle, no encuentra las llaves, tantea todos los bolsillos, las encuentra cierra y se va. El viejo paraguas negro le pone un cálido techo a su apurado paso hacia el encuentro.
Llego a la esquina, miro la hora en su reloj mojado. Las 3 menos cuarto y nadie más que él y el reflejo de su propia figura en el ventanal del Comercio cerrado hace años se veía en ese lugar.
A las 6 desistió de la espera. Ahora regresa lentamente y la lluvia pertinaz lo moja todo, el paraguas cerrado para siempre.
FIN

miércoles, 14 de octubre de 2015

NO SOY QUIJOTE,NI LO SERE....

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